La nieve en la sociedad de la Edad Moderna
Aunque la utilización de la nieve proviene de la Antigüedad —originaria del Próximo Oriente, en los inicios del II milenio a.C., dentro de la civilización mesopotámica— su consumo comienza a conocerse en la Europa Occidental en el mundo clásico, difundido a través de las riberas del Mediterráneo, en el marco de la cultura grecorromana. Pese a ello, nunca dejó de ser un artículo de lujo requerido por las clases privilegiadas, la alta sociedad de la época.
Su uso en la prevención y tratamiento de enfermedades va ser fundamental en la evolución posterior, desarrollo y popularización de su consumo. Los tratados de algunos de los más prestigiosos médicos del mundo antiguo, como Galeno o Dioscórides, se refieren a las propiedades de la nieve y su utilización como producto terapéutico para combatir determinadas dolencias. La tradición medieval musulmana sobre el uso de la nieve y los textos de eminentes médicos como Avicena y Averroes llegarán también hasta la Península Ibérica, situación que desarrollará una polémica historiográfica en la literatura médica, la cual tendrá su cenit en el Renacimiento.
La aplicación de la crioterapia se basaba en la teoría filosófica de la medicina humoral de Hipócrates, que definía la composición del hombre mediante los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, a semejanza de: atrabilis, sangre, flema y bilis, cuyo equilibrio era regulado por las cuatro cualidades fundamentales: húmedo, seco, frío y cálido. El desequilibrio de estas últimas era la causa de las enfermedades, y el empleo del frío intentaba restablecerlo.
Aunque había autores que lo desaconsejaban, como el médico de la corte Cristóbal de la Vega, que en un texto de 1564 se mostraba contrario a su uso, numerosos tratados de la segunda mitad del siglo XVI se mostraron a favor del empleo de la nieve como producto terapéutico y le concedieron un carácter simbólico. Conocidos galenos del momento como Francisco Franco (1569) o Nicolás Monardes (1571) influyeron notoriamente en la popularización de su uso. Francisco Micón (1576) resumía así sus teorías en su tratado Alivio de sedientos: «Queda también declarado que los antiguos bebieron frío y refrescado con nieve, no solo las cosas bebidas, pero aún mantenimientos secos y medicinas, así por fuera puestas como por dentro tomadas. Es útil y provechoso beber refrescado, así el agua como el vino y mantenimientos otros, y principalmente con nieve, para conservar la salud y curar de muchos males. Y pues así es, ¿quién será el que dejará de beber frío?».
Otro de los elementos a considerar que influyó directamente en un incremento del consumo de la nieve y su utilización fue el clima. Durante la segunda mitad del siglo XVI se produjo un notable cambio climático que se prolongó durante alrededor de 300 años, hasta mediados del siglo XIX. Dicha alteración, denominada la “Pequeña Edad de Hielo”, consistió en un periodo mucho más frío que se caracterizó por un brusco descenso de las temperaturas del hemisferio norte, el cual afectó especialmente al clima de toda Europa, generalizándose las nevadas abundantes a baja altitud y siendo habituales las fuertes heladas invernales.
A medida que fue transcurriendo el tiempo, el uso casi exclusivo de la nieve como refrigerante natural y su prestigio frente a otros métodos de enfriar fue compartiendo espacio con la utilización del hielo, sobre todo con el triunfo de las teorías racionalistas respecto al uso del frío, que se desarrollaron a lo largo del siglo XVIII. Por ello, en las zonas de baja altitud, en las que nevaba menos, se aprovecharon también las intensas heladas para conservar hielo natural.
Ambas circunstancias —los tratados médicos de la época y las extremas condiciones climáticas— permitieron que la utilización cotidiana de la nieve se extendiese a todas las clases sociales, dejando de ser considerada como un artículo de lujo y convirtiéndose en un producto de primera necesidad.
